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Os recomendamos que tomeis unos minutos para escuchar esta buena noticia.

Ya no puedes decir que no hay alternativas. Que lo disfrutes.

Christian Felber - La Economía del Bien Común de ATTAC.TV.

Y otros dos videos muy interesantes:

Creencias limitantes

Joan Mele - Nueva Economia

 

En la Belleza, el Infinito es manifestado.
En la Belleza, las enseñanzas de los buscadores del espíritu son iluminadas.
En la Belleza no tenemos miedo de manifestar la verdad de la libertad.
En la Belleza hacemos aparecer la irradiación de cada gota de agua.
En la Belleza transformamos la materia en arco Iris

No existe fealdad que no sea absorbida en los rayos del arco Iris.
No hay cadenas que no se desintegren en la liberación que otorga la Belleza.

Comentarios del Maestro Morya.

LA SOLEDAD Y LA ROSA

Había una vez, un jardín lleno de rosas
y en el, un capullo muy perfecto
bien formado, color claro y de olor muy discreto.

Su belleza era preciosa,
pero sus ojos no podían verla,
puesto que, cerrada como estaba el capullo,
sus ojos veían sólo el inmenso cielo.

Día y noche se exclamaba:
¡Ah! ¡Soledad injusta!
¡Ah! ¡Lacerante soledad!
Oh Dioses que me habéis creado,
qué mal os he hecho yo
para que este desierto de amor haya de vivir!

Un día, muy cansada, cesó de lloriquear,
y, en ese silente momento,
una voz pudo escuchar;
una voz dulce y tierna
que susurrando tan sólo le decía:
ábrete y mira, qué maravilla.

El capullo, se asustó,
¿quizás loco estoy ya,
si oigo voces donde no hay?
Pero, otra vez, la oyó:
ábrete y mira, qué maravilla.
Siempre que callaba, esta voz oía,
y tantas veces la oyó,
que finalmente le hizo caso.

Poco a poco y con renuencia,
abrió los brazos lentamente,
con mucho miedo desplegó sus pétalos
y, a medida que se iba abriendo
la maravilla iba viviendo:
todo un mundo de sensaciones nuevas,
la invadía y le abrumaba.

Mirando a su alrededor
pudo ver otros capullos
que, como ella hasta entonces,
también cerrados se encontraban
y, cerca de si, otra rosa
bien abierta y olorosa
la miraba con ojos húmedos,
y entonces, escuchó que decía,
con voz alegre y trémula:
¡Por fin! ¡Ya no estoy sola!

(Traducción libre de la versión original en catalán)

Josep Gimbernat


 
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